Atrasado como siempre -y luego de un día de egreso oficial de la universidad- en vez de pre-extrañar a mis compañeros de universidad, extraño de repente a los del colegio. Van seis-ya-casi-siete desde que no lo son más. Pero siendo realista, no los extraño como debería.
Son sólo dos a los que veo actualmente (1). A uno de esos dos, unas cuatro veces por año. Paralelamente, a un par las veo una o dos veces durante la misma cantidad de meses (2). Hay uno que, a pesar de que aparece una vez cada 365 días, pienso que lo hace dos (3). Por otra parte, a uno lo sé de vez en cuando por Messenger (4), viéndolo pasar por ahí –por lo menos- cuatro veces durante esa misma numeración. Por él, sé de un par más (5), a los cuales no los veo físicamente desde hace unos tres años. De manera similar, hay una que sé de ella sólo por escrito hasta hace unos meses (6). De todo el resto que no veo, a cuatro los sé por un par de sicopateos por fotolog (7). También tengo a uno en Messenger, pero que hace unos dos años que no le hablo (8). Nada.
Creo que es por esto que los extraño. Y, retomando lo del primer párrafo, no los extraño como debiera. Porque los extraño por lo que no son. Los extraño como parte de mi adolescencia, no como amigos o compañeros de colegio. Los extraño como parte de mis carencias actuales. De mis inseguridades, de mi falta de amor juvenil, de mi inconformidad con la vida… en fin, de todo eso que se tiene a los 16 años. Sólo por eso los extraño.
Los extraño también –y ahora que lo pienso- por haber sido testigos de mi crecimiento (pasé con ellos casi toda mi escolaridad, así que mínimo). También por hacer que me cuestione mil cosas que debí hacer y no hice, y otras tantas que hice y que jamás debí hacer. Los extraño porque pienso que todos y ninguno a la vez ha hecho lo que quería hacer. Ni han sido lo que querían. Pienso que los extraño porque me gustaría que vieran lo que soy ahora. Que vieran que me va bien. Que hago bien lo que hago y que, probablemente, sea en futuro cercano lo que siempre quise. Porque prometí serlo y pienso que lo conseguiré a corto plazo.
Lo peor de todo esto es que no los extraño como debiese. Debería extrañarlos con dulzura. Con melancolía. Con añoranza, con cariño y -por qué no decirlo- con algo de rencor. Pero no. Los extraño sólo porque fueron algo y no porque quisiera que aún lo fueran.
Quisiera que les vaya bien. Que consigan lo que quieran. Que sean quienes quieran ser. A pesar de que en el fondo no lo deseo de verdad. Porque no los extraño de veras. No los extraño como debería. Los extraño así. A medias. Un poco en mala y un poco en buena. Los extraño como se lo merecen y como creo que me extrañan a mí. No como se debe. Porque así son las cosas y porque así van a ser hasta que nos volvamos a reunir el día en que uno de nosotros se muera. Porque de otra forma, será imposible. Porque ninguno quiere verse. Porque ninguno va a ceder. Porque nos tocó conocernos y desconocernos en tan poco tiempo, que nadie logró superarlo. Yo no lo supero aún. Y es por esto que los extraño así. Como no se debe.
(1): Claudia [ a color ], Pablo [ a color ]
(2): Paulina [ a color ], Camila
(3): Jorge [ a color ]
(4): Felipe
(5): Cristóbal, Arturo
(6): Samantha [ a color ]
(7): Roberto, Liliana, Andrea.
(8): Leo

2 comentarios:
y a veces se añora en la vida algo que nunca llegó a pasar
y a veces se extraña eso que nunca nos fue tan fundamental.
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