martes, 30 de octubre de 2007

Santiago/Puerto Rico - 17 de Junio de 2021



Sí. Va a ser un poco complejo esto de vivir en Puerto Rico. Vivir allá luego de hacer harto acá. La familia va a estar lejos, el amor no sabe si me acompañará o no, una carrera en la televisión habrá que dejar en suspenso... en fin. Va ser complejo esto de vivir en Puerto Rico.

En primer lugar hay que deshacerse de todo lo material que me acompaña. No pienso llevarme nada a mi nuevo hogar. Sólo tendré misericordia con mis cd's. Tardaré meses en hacer los envíos para que lleguen todos sanos y salvos, pero no importa. Lo otro es que la casa -esa que compré a través de un matrimonio amigo- habrá que pintarla y personalizarla. Pienso que bañarla completamente de blanco sería una buena opción.

Mis perros -Nikki y Reese- van a estar dichosos. Nunca en sus vidas habían tenido tanto espacio para correr. Los voy a maldecir constantemente por el hecho de que me dejen la casa llena de arena mojada, pero verlos así de contentos corriendo por la playa va a amortiguar el impacto de tener que aspirar casi día por medio.

Lo otro que va a ser un suplicio será aprender a bailar salsa. Yo, que al ver "Salsa" -con Draco de protagonista en sus tiempos mosos- juré de guata que tendría el talento suficiente para equipararme a mis nuevos vecinos. Pero esas personas tan amables y doctas en esto de mover el cuerpo de manera candente no tendrán problemas en enseñarme. Es más, serán ellos quienes me insten a superarme, yéndome a buscar sagradamente a las 6 de la tarde, mientras otros amigos enciendan el fuego. Fuego que arman en mi quincho, ese que construiré yo mismo... ese que albergará hasta altas horas de la madrugada a mi nueva familia. Todos se saborean gustosos con las empanadas y los choripanes. Amaron la idea de que les enseñase cocina tradicional chilena a cambio de mis clases intensivas y personalizadas de salsa.

El gran tema va a ser echar de menos los primeros meses. Cuando me recueste los días de semana en una hamaca hecha a mano con un martini heladísimo apoyado en mi guata. La vista anaranjada de la playa me va a hacer pensar en lo que dejé en Chile. No voy a saber nunca si fue lo correcto, pero creo que se sentirá bien. Pensar en que iba a estar encerrado en una oficina gigante con un PC al frente por el resto de mis días... Uff... Sonaba bien mientras era universitario. Pero ya no. Nikki y Reese concuerdan conmigo. Ambos se rascan la espalda en la arena mientras les hago cariño en las orejas.
A lo mejor junto un poco de plata y hago un par de piezas más. Los amigos de Chile -cuando vengan- se quejarán unos días por los bichos y por el sol. Se negarán también a meterse al agua continuamente como yo lo haré, pero ,de todos modos, sé que lo pasarán bien cuando vengan a verme. El punto es que lo más complicado va a ser cuando se vayan. Pienso que me voy a sentir solo. Pero asumo que con los días se pasará. Voy a gritar en el living lo más alto que me den los pulmones y putearé con ira y vigor a todos quienes no quisieron venirse conmigo a la isla (que son la gran mayoría, por no decir todos). Pero luego de llorar un poco, sacaré a los perros a caminar y partiré donde los vecinos. Le voy a decir lo que me ocurre. Me darán de beber ese trago tan rico que preparan -"pal mal de amores", como le dicen- y haremos un asado. Todos sabrán que por dentro echo más de menos que la chucha, pero de todos modos harán lo que sea para hacerme bailar salsa y reirme un rato. Saben también que no me iré antes de sentirme como en casa. Y que no voy a estar tranquilo hasta que pueda desligarme de Chile y poder decir "Ey, acá estoy, acá me muero".

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